Existe un contraste muy marcado en el capítulo 19 de Lucas. En los primeros versículos, un hombre es visitado por Jesús y en la segunda parte del pasaje el pueblo de Israel es visitado por Dios. El primer relato se enfoca en la inesperada visita de Jesús a la casa de un hombre de reputación cuestionable (Lc. 19:1-9). Zaqueo era un jefe de los recaudadores de impuestos quien se había hecho muy rico robando a sus compatriotas. Un día al ver a Jesús pasar cerca, Zaqueo se subió a un árbol para tener una mejor vista. Para su sorpresa, Jesús le dijo que se bajara del árbol pues deseaba llegar a su casa a comer. En respuesta a la aceptación mostrada por Jesús, Zaqueo decidió dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolverle cuatro veces la cantidad a quien les había robado.

20120403-220342.jpgEsta actitud de verdadero arrepentimiento se contrasta con la acusación que hace Jesús al pueblo después de oírles gritar:

“¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!” (Lucas 19:38).

Es interesante notar como después de la Entrada Triunfal al acercarse a la ciudad de Jerusalén Jesús llora por la ciudad debido a que no habían reconocido el tiempo de la visitación de Dios (vv 41-44). Que contraste! Por un lado, un hombre pecador reconoce la visita de Jesús y opta por cambiar su vida. Pero tristemente de manera opuesta los habitantes de la ciudad de Jerusalén son acusados de constantemente matar a los profetas enviados por Dios y no reconocer el tiempo en el cual Dios había venido a salvarles (v. 44).
Hoy todavía hay gente que no ha entendido la visitación de Dios en Cristo Jesús como el regalo más precioso que la humanidad ha recibido. Por eso, al recordar la vida, muerte y resurrección de Jesús esta semana debemos invitarle a que entre triunfante en nuestros corazones y coronarlo Rey de nuestras vidas.

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