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“Pilato tomó entonces a Jesús y mandó que lo azotaran. Los soldados, que habían tejido una corona de espinas, se la pusieron a Jesús en la cabeza y lo vistieron con un manto de color púrpura. —¡Viva el rey de los judíos! —le gritaban, mientras se le acercaban para abofetearlo” (Juan 19:1-3)

Todos hemos sentido coraje santo cuando alguna persona o grupo de personas se burlan de alguien a quien apreciamos. Pero en ocasiones cuando han humillado a esa persona querida hasta hemos llegado a llorar con tristeza profunda al ver como se le desprecia de manera inmerecida. Como cristianos, al leer estos versículos y recordar el desprecio humillante que sufrió Jesús, sentimos una inmensa tristeza al considerar que él padeció por amar a la humanidad. Cuando pienso en la corona de espinas que hirió su frente y el manto que los soldados en acto de burla le pusieron, lloro meditando en lo que estuvo dispuesto a sufrir por mi. Si el siendo el Rey del universo soportó esa burla por ti y por mi, nosotros como sus discípulos debemos estar dispuestos a aguantar un poco de burla cuando nuestros amigos y familiares nos insultan no entendiendo nuestras creencias y convicciones cristianas.

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