20130307-233340.jpg De todos los milagros que Jesús realizo en su ministerio terrenal ninguno se compara a la resurrección de Lázaro. Piénsalo, Lázaro tenía ya cuatro días en la tumba. Toda esperanza se había desvanecido. Si Jesús hubiese llegado antes que muriera Lázaro o si acaso unas horas después que falleció, quizá Jesús pudiera haber hecho algo por él. Pero no, Jesús se tardó mucho, ya lo habían velado y la piedra de la tumba había sido puesta en su lugar. Las hermanas de Lázaro lloraron al ver a Jesús porque sabían que sí hubiese llegado a tiempo su hermano no hubiera muerto. Pero sorprendentemente, Jesús les dijo:

“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera” (Juan 11:25).

Después conmovido por el dolor de la familia y los amigos presentes, Jesús ordenó que removieran la piedra, oró, y gritó con todas sus fuerzas:

“¡Lázaro, sal fuera!” (Juan 11:43)

Y en respuesta al Autor de la vida, Lázaro salió de la tumba cubierto de vendas pero lleno de vida.
Para meditar
¿Acaso habrá algo difícil para Jesús? ¿Acaso el tiempo o la distancia podrán impedir que su mano obre un milagro en tu vida? Lo único que necesitas es creer y cualquier imposibilidad que tengas en tu vida él la puede resolver de acuerdo a su voluntad.

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