20130306-171018.jpg Unas semanas antes de que entrara a Jerusalén por última vez, Jesús contemplaba la decisión de regresar a Judea consciente de que las autoridades religiosas del pueblo judío lo buscaban para matarlo. La noticia de la enfermedad mortal de su amigo Lázaro lo movía a regresar a Judea, pero en vez de regresar de inmediato para sanarlo Jesús demoró más de cuatro días. Los discípulos le rogaron que no regresara, pero decididamente Jesús les afirmó que regresarían pues Lázaro había muerto y el iría a resucitarlo. Esta predicción tenía el propósito de demostrar a los discípulos que Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios. Jesús les dijo:

“Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado.” (Juan 11:4)

Como al principio no entendieron lo que Jesús decía, el les dijo claramente:

“Lázaro ha muerto, y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean. Pero vamos a verlo.” (Juan 11:14-15)

En respuesta a estas palabras vemos una declaración algo sorprendente de un discípulo que todos los recordamos por su incredulidad.

“Entonces Tomás, apodado el Gemelo, dijo a los otros discípulos: Vayamos también nosotros, para morir con él.” (Juan 11:16)

olvidando que después demostró otra actitud es admirable ver aquí su fe y valentía. Reconociendo que le esperaba la muerte a Jesús, Tomás se une a su Maestro y decide animar a los demás a seguirlo sin importar las consecuencias. Hoy Jesús también te llama a seguirlo y te exige a tomar su cruz imitando su disposición y compromiso en su camino al Calvario.
Decisión
Considera la fe y valentía de Tomás. ¿Cómo se compara a tu fe en este instante? Así cómo Jesús fue paciente con Tomás, él esperaba que tu también aceptes el compromiso de seguirle a pesar de cualquier consecuencia.

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