20130225-212548.jpg Una característica peculiar del evangelio de Juan es que no contiene el relato de la institución de la Santa Cena. Mientras los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) relatan cómo en la última noche antes de su muerte Jesús se reunió con sus discípulos y los mandó celebrar una cena conmemorativa recordando su muerte, Juan no menciona dicho evento. Sin embargo, contiene una explicación más elaborada sobre el significado teológico de la Santa Cena.
Como vimos ayer, siguiendo el relato del milagro de la alimentación de los 5,000, Jesús entró en discusión con los judíos y les afirmó que el era el pan de vida que descendió del cielo. Y luego hace la siguiente alusión clara a la Santa Cena:

“Ciertamente les aseguro —afirmó Jesús— que si no comen la carne del Hijo del hombre ni beben su sangre, no tienen realmente vida. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.” (Juan 6:53-56 NVI).

Aunque para el lector moderno el lenguaje pareciera canibalismo, en realidad el acto simbólico de comer el cuerpo y beber la sangre de Jesús se refiere a la participación completa del discípulo en la vida del Maestro. Demuestra la intimidad y entrega mutua entre dos vidas; el dio su vida por nosotros y nos llama, no tanto a morir por el, sino más bien, a vivir con él y para él.
Medita y Decide
Toma las siguientes semanas para considerar la Santa Cena no como un rito religioso sino como un pacto entre tú y Jesús. La siguiente vez que participes de la Santa Cena hazlo con la convicción plena de que estas decidiendo unir tu vida a Cristo en completa devoción.

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