20130224-183528.jpg Al estilo singular de Juan, el capítulo seis contiene un milagro seguido por una enseñanza muy práctica. El día después de haber alimentado una multitud compuesta por 5,000 hombres y sus familias, Jesús les da un lección sobre su identidad y propósito al venir al mundo. Las multitudes nuevamente habían llegado a ver a Jesús, pero conociendo sus corazones el Maestro los confrontó preguntándoles si habían venido sólo a llenarse de comida nuevamente. Y cuando Jesús los desafía a trabajar por la comida que permanece para siempre, la multitud le pide una señal para creer en él. Si sus antepasados habían recibido maná del cielo en tiempos de Moisés, ¿qué señal les daria él?

“Ciertamente les aseguro que no fue Moisés el que les dio a ustedes el pan del cielo —afirmó Jesús—. El que da el verdadero pan del cielo es mi Padre. El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo” (Juan 6:32-33 NVI).

Con estas palabras Jesús afirmó ser más que Moisés pues a diferencia de simplemente ser usado por Dios par satisfacer el hambre física de los israelitas, él había descendido del cielo para impartir al mundo su vida.

“Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed” (Juan 6:35 NVI).

Desafío Espiritual
¿Entiendes el sentido espiritual de estas palabras? ¿Escuchas cómo Jesús te llama a una vida más íntima en comunión con él? Responde a las palabras tiernas de Jesus y decide pasar más tiempo en su presencia desde hoy en adelante.

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