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El relato del encuentro de la mujer Samaritana con Jesus en Juan capítulo cuatro revela aspectos importantes sobre como él desea relacionarse contigo. La mujer había venido a buscar agua, pero Jesús rápidamente identificó que ella tenía más que sed de agua natural. Debido a que había vivido una vida llena de insatisfacción ella necesitaba satisfacer su sed espiritual.

La mujer estaba religiosamente insatisfecha. Esto resalta cuando al pedirle agua Jesús ella responde con dándole a entender que debido a sus diferencias religiosas no debe haber ni el mínimo contacto entre ellos (Juan 4:9). Después cuando Jesús le ofrece agua espiritual, la mujer no capta el sentido debido a su falta de percepción espiritual en base a su religiosidad (4:11-12). Luego cuando Jesús le explica como el le puede dar agua viva, ella responde de manera sarcástica, “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni siga viniendo aquí a sacarla” (4:15).  Detectando el tono de su respuesta, Jesús le manda traer a su esposo para incomodarla un poco.  Cuando ella responde que no tiene esposo, Jesús le aclara que es cierto pues en realidad ella ya había tenido cinco y el hombre con el cual estaba actualmente no era su esposo (4:17-18). Reconociéndolo como un profeta ella busca aclaración para sus preguntas religiosas. ¿Cuál es el lugar correcto donde se debe adorar?

Hoy en día también hay mucha gente que religiosamente no encuentra satisfacción. Tienen preguntas como: ¿cuál es la verdadera iglesia y qué día se debe adorar? ¿Cuáles son las creencias doctrinales que debemos aceptar para asegurarnos que tenemos salvación? ¿Debemos pagar diezmos o no? Pero en vez de enfocarnos en el aspecto religioso de lo que debemos hacer para estar bien con Dios, Jesús nos llama a una relación con Dios. Le dijo a la Samaritana:

“Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24)

Después Jesús le dijo claramente que el era el Cristo – el Mesías esperado. Esto finalmente la llevó a un cambió de vida y en vez de preocuparse por si estaba en la correcta religión o no, ella se convirtió en una seguidora de Jesús y dedicó su vida a introducir a sus familia y amigos a Jesús.

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