20130219-162809.jpg En anticipación al ministerio público de Jesús, Juan el Bautista fue enviado por Dios para preparar los corazones del pueblo judío llamándolos a bautizarse para el perdón de sus pecados. Es en este contexto que la segunda descripción del misterio Pascual ocurre en el cuarto evangelio. Un día mientras bautizaba Juan, Jesús llegó al río Jordán para ser bautizado. Al verlo, Juan el Bautista declaró:

“¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29)

Así comienza la vida pública de Jesús en el evangelio de Juan. Mientras los evangelios de Mateo y Lucas comienzan relatando el nacimiento de Jesús, Juan ubica a Jesús al principio de su misión terrenal como un hombre destinado a un solo propósito: morir por los pecados del mundo. De esta manera, Juan declara enfáticamente que Jesús fue enviado como un Cordero expiatorio para remover el pecado del mundo. Por lo tanto, no es suficiente reconocer a Jesús como un buen maestro, líder religioso o incluso un profeta enviado por Dios. Jesús es el Cordero Divino que Dios envió para limpiar a la humanidad de manera completa y eficaz de la mancha del pecado con su sangre redentora. Esto debe ser para ti motivo de gran gozo.
Ejercicio de Inspiración
Escucha este himno por el trio Los Heraldos de Jesus y medita en lo que significa que Jesús es el Cordero de Dios.
“Cordero que bajaste del cielo”

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