Hoy hice un viaje que hace cinco años hacia regularmente. Durante los años que fui estudiante doctoral en Fuller Theological Seminary, viajaba una vez por semana a Pasadena, CA. Salía temprano de mi casa, abordaba un avión en Phoenix y llegaba a Los Angeles o a Burbank temprano en la mañana. Después tomaba una combinación de trenes y autobuses hacia Pasadena, seguido por una caminada rápida al seminario donde desayunaba para prepararme para un día de clases. Por casi tres años hice este viaje cada miércoles, pero hoy mi situación es diferente.

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Hoy tengo la dicha de viajar como pastor y profesor de teología. Los años de arduo estudio quedaron atrás y también la incertidumbre de no saber como Dios habría de suplir nuestras necesidades financieras. También viajo hoy como padre de familia y entiendo que mis ocupaciones ministeriales y académicas contribuyen para el bienestar de mi familia. Mi futuro cambió pero no sin una larga jornada de esfuerzo y dedicación.
Hoy decidí interrumpir tu día con este blog para decirte que las jornadas difíciles de la vida son temporales. Quizá hoy eres un estudiante que luchas todos los días con el sueño de superarte para darle a tu familia un mejor futuro. Quizá hoy eres un(a) trabajador(a) que sueña con ser el dueño(a) de su propio negocio. O quizá eres una ama de casa que todos los días inviertes en tus niños con el sueño de verlos llegar a ser hombres y mujeres que sirven a Dios y alcanzan grandes logros. Cualquiera que sea tu presente jornada quiero decirte que con la ayuda de Dios puedes lograr grandes cosas (Salmo 108:13). Confía en Dios pues el esfuerzo que haces hoy un día tendrá su recompensa y recuerda que todo lo puedes en Cristo quien te fortalece (Filipenses 4:13).

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