Al meditar en este capitulo 23 de Lucas, donde vemos como Jesús es condenado y ejecutado como si fuese un vil pecador, me cautiva la manera en que Jesús interacciona con los demás personajes en este relato.  A Pilato, quien ofrecía librarlo le dice de manera desafiante cuando este le pregunta si el es el rey de los judíos: “Tú mismo lo dices” (Lucas 23:3). A Herodes quien esperaba que Jesús le hiciera una señal sin ningún compromiso de su parte no le contesto nada. A Barrabas quien merecía ser crucificado como nosotros Jesús le salva la vida al tomar su lugar en la cruz. Cambia la vida de Simon de Cirene cuando a este se le obliga a cargar la cruz de Cristo. Después, en medio de su dolor habla palabras consoladoras a las mujeres a las mujeres que caminan junto con el en su sufrimiento. A los soldados que le crucificaron les ofrece perdón y a los dos malhechores crucificados con el les da una última oportunidad de arrepentirse. Y aun después de su muerte tiene un gran impacto en el centurión quien de cerca observo su pasión. Hoy debemos hacer como Jesús hizo en las últimas horas de su vida al sufrir en una cruz: se entrego por nosotros hasta el último instante.

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