Este capítulo registra las controversias religiosas y políticas entre Jesús y las autoridades religiosas de su tiempo durante su última semana en la tierra.

20120404-182209.jpg Se puede ver como las diferencias religiosas en cuanto a la verdadera práctica de ella se vuelven más y más marcadas entre Jesús y los partidos religiosos de su día. Uno tiene que entender como en el primer siglo en Palestina, y en especial en Jerusalén, el poder religioso y el poder político se compartian. Quien tenía el favor de la gente tenía poder político y económico! Además, dentro de una cultura como la judía la religión ejercia un control dominante sobre el pueblo. Por eso es que las autoridades religiosas y políticas entraron en conflicto con Jesús. Las multitudes seguian a Jesús pues encontraron en él una sinceridad, sencillez y transparencia que no veían en los otros líderes religiosos. Las verdades que Jesús enseñaba se enfocaban en las condiciones económicas, sociales y espirituales de la gente común. Debido a esto, las autoridades religiosas y políticas desearon hacer amistad con Jesús y convencerlo a unirse a su causa. Pero Jesús solo vino a hacer la voluntad de su Padre y cuando se le trató de manipular o controlar no tuvo problema en declarar la verdad de Dios aunque le costara la vida. Por eso, entre todos los diversos conflictos que se vio envuelto Jesús la lección más importante que aprendemos es la necesidad de obedecer a Dios por encima de todo. En cuestiones religiosas, políticas o financieras, la respuesta de Jesús siempre fue de acuerdo a la voluntad de Dios. Ojala podamos aprender a responder como Jesús siempre, optando por la verdad de Dios y no la verdad de los hombres.

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