Dos parábolas desarrollan el tema principal de este capítulo y ambas nos invitan a meditar sobre el reino de los cielos como un gran banquete de bodas. La primer parábola se enfoca en la actitud correcta hacia este gran banquete. En vez de pensar que nosotros que ya tenemos la invitación al banquete somos los importantes debemos considerar que hay gente con mucha más necesidad que nosotros y que es nuestro deber invitarlos a este gran banquete celestial.

20120329-154417.jpg Después, en la siguiente parábola, Jesús enfatiza la pasión que debemos tener por invitar e insistir a que se acepte la invitación. En la parábola, cuando algunos presentan excusas para no venir al banquete se le insiste al sirviente a invitar a aquellos quienes la sociedad no consideraría dignos de dicho honor. Y después cuando todavia hay espacio en el salón se le pide que salga a la calle y que oblige a todo persona posible hasta que se llene la casa. De esta manera, se da a entender la pasión con la cual debemos compartir el mensaje de las buenas nuevas. ¿Qué pasaría si aprovecharamos toda oportunidad para invitar a gente a nuestra iglesia como si fuera la llamada final para el gran banquete celestial? Con esto en mente, animate a invitar a alguien a celebrar Muerte y resurrección de Jesús en la iglesia la siguiente semana.

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