Reflexionando sobre este capítulo entero veo un tema que unifica su contenido: tres principios para tener un ministerio efectivo. Primero se destaca la importancia de entender el ministerio como trabajo en equipo. Quiza algunos se imaginen que en su ministerio Jesús operó como un llanero solitario siendo el tipo de lider que todo hace solo y no parece depender de nadie. Sin embargo, en este capítulo vemos algunos detalles que indican lo contrario. Para comenzar, el relato nos cuenta que había un grupo de mujeres que apoyaban el ministerio de Jesús con sus propios recursos.

20120323-170207.jpg Segundo, al contar Jesús la parábola del sembrador enfatiza la importancia de que es la semilla de la palabra de Dios la que produce los resultados. Por lo tanto, todo ministerio efectivo debe enfocarse en sembrar bien la palabra de Dios. Y, tercero, al leer los asombrosos milagros que hizo Jesús debemos aprender a hacer espacio para la obra sobrenatural que Dios quiere realizar en medio nuestro. Un ministerio efectivo, pues, reconoce sus limitaciones y se abre a dejar que Dios se mueva en nuestro medio sanando y librando a los necesitados. Que Dios nos ayude a coperar para la expansión del reino, a sembrar bien la palabra de Dios, y a dejar que el Espíritu de Dios opere de manera sobrenatural en medio de nosotros.

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