Me encanta que al comienzo de este capítulo Lucas hace una declaración que aparentemente solo establece el contexto histórico del pasaje pero que en realidad esta cargada de comentario político. Lucas escribe: “En el año quince del reinado de Tiberio César, Poncio Pilato gobernaba la provincia de Judea, Herodes era tetrarca en Galilea, su hermano Felipe en Iturea y Traconite, y Lisanias en Abilene; el sumo sacerdocio lo ejercían Anás y Caifás” (Lucas 3:1-2a). Esta lista de personajes ilustres que ejercían poder político y religioso durante el primer siglo parece una inocente introducción al relato que sigue. Pero la verdad es que al yuxtaponer estos personajes con los dos que siguen Lucas hace una declaración política, pues en aquel entonces la Palabra de Dios no llegó de un palacio o un templo sino desde un desierto y por un profeta. El silencio de Dios finalmente es interrumpido por Juan el Bautista que llega a preparar el camino para el Mesías bautizando para el arrepentimiento de pecados. E inmediatamente después, otro hombre con una genealogía común llega a ser bautizado por Juan. Que contraste! Entre los mas poderosos en su dia un par de hombres desconocidos llegaron a revolucionar el mundo de tal manera que hoy los nombres de Pilato, Anás y Caifás solo son reconocidos en relación a los sucesos que los ligan a las vidas de Juan el Bautista y Jesús. Por tanto, debemos celebrar Semana Santa como una temporada de gran significado debido a lo que Jesús logro por toda la humanidad en una cruz romana.

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