Casí al centro del capítulo 11 de Marcos leemos una breve historia que nos ayuda a entender un tema desarrollado en este pasaje. Mirando una higuera de lejos, Jesús se acerca a ella para comer de su fruto, pero al no encontrar fruto en ella la maldice. Pareciera un relato de poca consecuencia para mencionarlo. Sin embargo, esta acción ilustrativa de Jesús tiene un significado muy importante. Así como el jardinero se alegra cuando un árbol cumple su propósito al dar fruto, Dios se agrada de nosotros cuando damos buen fruto.
El burrito y el hombre desconocido quien lo prestó cumplieron su propósito. Sin embrago, los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos no estaban cumpliendo su propósito. Fue por eso que Jesús entró al templo para purificarlo de las prácticas contrarias al propósito de Dios que las autoridades religiosas estaban permitiendo.
Pero me llama la atención que en realidad no se ve el fruto verdadero de la multitud que recibió a Jesús en su entrada a Jerusalén. Exteriormente todos parecieran bendecir a Jesús de todo corazón, pero en menos de una semana muchos de los que gritaron “Hosanna! Hosanna!” gritarían “Crucifícale! Crucifícale!” Que Dios nos lleve en esta temporada de preparación a entender de lleno su propósito para nuestras vidas y que nunca dejemos de decir: “Bendito el que viene en el nombre del Señor.”

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