En ocasiones la división de los evangelios en capítulos interrumpe la fluidez de la narración y para entender mejor un pasaje uno tiene que regresar al capítulo anterior para captar el contexto. En Marcos 8:34, Jesús reta a sus discípulos a seguirle de manera mas decidida al decirles: “si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga.” Todo el relato que sigue y continúa en el capítulo nueve expande esta declaración al enfatizar la seriedad del seguimiento de Jesús. El discipulado es para cristianos verdaderos.

20120307-181619.jpg En el relato que sigue, Jesús sube una montaña con tres de sus discípulos (Pedro, Jacobo y Juan) y se manifesta gloriasamente frente a ellos mientras una luz divina los envuelve. Después al bajar el monte, les explica que le era necesario sufrir, ser desechado y morir. La enseñanza inmediata aqui es que Jesús no les exige nada a sus discípulos que el mismo no tendrá que experimentar. Cuando bajan la montaña se encuentran con una escena donde los discípulos que quedaron atrás no podían expulsar un demonio. En vista de esto Jesús les comparte otra enseñanza al decirles que se requiere ayuno y oración para echar fuera demonios. Por último al finalizar el capítulo, Jesús interrumpe una discusión entre sus discípulos donde argumentaban sobre quien era el mas importante. En respuesta a esta discusión Jesús les aclara que: “si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (9:35). De esta manera Jesús les deja tres lecciones valiosas sobre el discipulado que nosotros también debemos aplicar a nuestras vidas.

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