Después de leer este capítulo, la palabra en la cual me quede meditando fue gratitud, pues todo el relato se enfoca en grandes milagros hechos por Jesús. Al comienzo del capítulo, un hombre poseído por una legión de demonios es liberado de su condición espantosa cuando Jesús lo libera con la autoridad de su palabra. Después, una mujer que había sufrido de una enfermedad por doce años, y que había gastado mucho dinero en los doctores sin ser curada, es sanada instantáneamente cuando ella toca el borde del manto de Jesús. Finalmente, Jesús resucita la niña de un hombre que deseperadamente acude a él buscando un milagro.

20120301-173615.jpg Al leer el relato de estos milagros, me imaginaba que el necesitado era yo. ¿Cómo te sentirías si estuvieras en una de estas situaciones tan angustiantes? Y después de haber recibido tan gran milagro de Dios, ¿cómo responderías? No tengo la menor duda de que mi actitud sería una llena de inmensa gratitud por lo que Dios hizó por mi, pues al no tener remedio alguno Dios obró de manera milagrosa sin yo merecerlo y sin requerir nada. Al meditar en esto no puedo dejar de pensar en que igualmente deberíamos estar agradecidos por el milagro de salvación que Dios hizo por cada uno de nosotros.

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