Desde el principio de su ministerio, Jesús fue conocido como un maestro por excelencia. La gente que lo escuchó enseñar llegaba a la conclusión que su instrucción era muy diferente a la de sus contemporáneos. Comúnmente decían que enseñaba con autoridad y no como los fariseos. Otra característica de su enseñanza fue relatar ilustraciones tomadas de la vida real para enseñar las verdades profundas del reino de Dios. En realidad nada de lo que Jesús dijo fue difícil de comprender pues aun cuando sus discípulos no entendían, Jesús les reveló los misterios del reino.
Por ejemplo, el capítulo cuatro de Marcos se enfoca casi en su totalidad en las parábolas de Jesús cuyo mensaje es tan sencillo como para que un niño entienda. En la primer parábola, Jesús compara el reino de Dios al trabajo de un agricultor al sembrar. Usando esta ilustración les dice como la semilla del evangelio crece en las vidas de aquellos que la reciben con fe y están dispuestos a vivir de acuerdo a las expectaciones del reino. Hay quienes comienzan bien pero se apartan. Hay quienes no echan raíces y por causa de persecución y problemas pronto se desaniman. Pero aquellos que optan por afirmarse en la palabra creyéndola y poniéndola por obra llegan a dar mucho fruto. En este tiempo de preparación optemos por ser del tipo de oyente hacedor de la palabra. Que Dios nos ayude a seguir creciendo mas en la fe y a llevar a otros al camino de la verdad.

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