El capítulo dos de Marcos se enfoca en su totalidad en las controversias entre Jesús y las autoridades religiosas de su día. Después de que Jesús perdona los pecados de un paralítico, los Fariseos (maestros de la ley) cuestionan su autoridad y lo acusan en sus pensamientos de blasfemar en contra de Dios. Mas tarde, en casa de Leví, los Fariseos lo critican por comer con recaudadores de impuestos y pecadores. Por último, al ver que sus discípulos no ayunaban y no guardaban el Sábado de manera estricta, Jesús fue criticado por no enseñarles a observar las leyes judías de manera mas rígida. 

En vista a estas acusaciones y críticas, Jesús responde a cada una de ellas mostrando la importancia del amor y servicio a los demás. Jesús muestra su autoridad para perdonar, sanando al paralítico. Luego defiende su convivencia con pecadores señalando que son ellos quienes necesitan un médico. Y en cuanto a la observación del Sábado y otras leyes, Jesús aclara que “el sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado” (2:27).

En resumen, los relatos de este capitulo juntos nos afirman que para Jesús no es tan importante cumplir con observaciones religiosas que se hacen con descuido a la ley del amor. La doctrina, la santidad, y la celebración de rituales nunca deben estar por encima del amor que debemos mostrar al pecador. Por lo tanto, en estos días que recordamos la muerte de Jesús, luchemos por ser una iglesia que practica una santidad que no teme contaminarse con el pecador, sino que al contrario esta dispuesta a ensuciarse las manos en su servicio a los mas necesitados.

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