Ayer mientras meditaba en la primer lectura de nuestro plan devocional de 40 días, se me ocurrió que era un pasaje muy apropiado para comenzar esta temporada. Tradicionalmente, la actitud que debe caracterizar a todo cristiano durante este periodo preparativo previo al Domingo de Resurrección es arrepentimiento. Desde tiempos antiguos en la tradición cristiana el propósito de observar la Cuaresma a sido preparar los corazones para una comunión mas cercana a Dios al meditar sobre el sacrifico de Jesús y sus beneficios para la humanidad. Es común durante esta temporada que los cristianos observen ayunos que sirvan para quebrantar los deseos de la carne y alimentarse de la comida espiritual por medio de la lectura bíblica y la oración. Pero, en realidad, si estas practicas espirituales se llevan a cabo sin la actitud interior de un arrepentimiento genuino, de nada sirven.

En Marcos 1, tanto Juan el Bautista como Jesús hablan del arrepentimiento como el requisito necesario para recibir el mensaje de las buenas nuevas. Según Juan el Bautista, el arrepentimiento seguido por el bautismo por el perdón de pecados era lo que prepararía el camino para el Señor; era la manera que el pueblo judío podría enderezar sus sendas para recibir al Mesías (Mr. 1:2-5). De manera similar, Jesús enfatizó el arrepentimiento como el prerrequisito para creer en las buenas nuevas (Mr. 1:15).

En vista a esta lectura debemos aprovechar este tiempo de preparación para venir ante Dios con corazones arrepentidos dispuestos a hacer los cambios necesarios que permitan que Dios haga una obra en nuestras vidas. Al reflexionar sobre esto quizá Dios te señale malos hábitos o actitudes que pudieras utilizar estos 40 días para cambiar.  Que bueno sería que todos podamos aprovechar este tiempo para hacer cambios que nos ayuden a ser mejores cristianos, padres (madres), hijas(os), y amigos(as). Es mi deseo que al terminar nuestro plan de lectura de 40 días todos podamos testificar de como Dios transformó nuestras vidas.

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